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EMPODERAMIENTO DE LAS MUJERES EN CONTEXTOS ALTO ANDINOS RURALES

Hablar de empoderamiento de las mujeres en contextos alto andinos no puede ir divorciado de autonomía de la mujer, un estatus adscrito que viene siendo construido desde lo cultural, social, político, económico y religioso. La historia nos ha enseñado que el papel de la mujer siempre estuvo subestimado e invisibilizado por una sociedad patriarcal, que ganó espacios desde la creación del mundo. Desafiar este rol adquirido de “sumisas y calladas” es un desafío constante y permanente no solo en el ámbito rural; sino también en el urbano, cada uno con sus particularidades; que al mismo tiempo trasciende el espacio personal, familiar, comunal y nacional. Esta aseveración se muestra en el siguiente testimonio:

Yo, jamás pensé viajar a otro lugar, mis padres y mis suegros se dedican a la actividad alpaquera, para mi es una lucha constante ser empoderada, porque primero lo tengo que entender yo, luego mi esposo, luego mis hijos, mi suegra, hasta mi mamá…porque, aunque no crean las mamás también tienen pensamientos machistas…es desafiar todo aquello que siempre han hecho nuestras abuelas, nuestras madres. Yo me siento empoderada, mi esposo me apoya, mis hijos también, pero siento que debo aprender mucho más…me falta. Y ser líder en estos espacios es una carrera que nunca acabará, porque todos te están mirando, tienes que hacerlo bien, porque te criticarán si lo haces mal. Yo aprendí que para mejorar mi situación familiar debo de tener aliados para comercializar, para el acopio …una se tiene que preparar siempre. (Lideresa Contexto Alto Andino Alpaquero)


Situaciones como ésta se replican en contextos tanto rurales como urbanos; ser líder y empoderada conduce a una reflexión permanente sobre las relaciones de género; entendidas como relaciones de poder; éste es un hecho cultural que interpela el sistema patriarcal, un sistema social, político, económico y ambiental que controla y domina una hegemonía masculina. En las comunidades rurales aún se mantienen estas prácticas socioculturales, son pan de cada día, el autoritarismo y la prepotencia de los hombres hacia las mujeres, se naturaliza y es “costumbre”.

A pesar de la existencia de OGN que trabajan el tema de las mujeres y el enfoque de género en contextos alto andinos rurales; aún se observa prácticas enraizadas machistas que vulneran los derechos de las mujeres. Las desigualdades e injusticas que durante muchas décadas han sufrido las mujeres, representan luchas permanentes. A la fecha, las mujeres rurales empoderadas van asumiendo no solo roles productivos y reproductivos, sino también vienen trascendiendo en espacios de decisión local sobre su desarrollo y bienestar.

La formación de liderazgos femeninos rurales muestra y enfrenta una serie de avances, limitaciones y desafíos democráticos para la transformación de las personas. En este caso hablamos de las mujeres porque son el centro de atención de acuerdo con los ODS del milenio que plantean la agenda al 2030. El fortalecimiento de las capacidades humanas está relacionado con la expansión de derechos, mecanismos de participación política y empoderamiento de las personas. Es en efecto, un hecho cultural actual.

A manera de reflexión, podemos afirmar que en todas las sociedades existe un orden social de género que tiene raíces estructurales (como la división sexual del trabajo) e institucionales (como las normas y reglas) que guían la distribución de recursos y oportunidades en la sociedad y entre hombres y mujeres en particular. También se construye a nivel simbólico, se nutre de, se sustenta en, y reproduce las concepciones, mentalidades e imaginarios colectivos. En los roles que realizan las mujeres se debe visibilizar el poder, cómo se regulan esos roles y la valoración social que tienen, es decir aquellos obstáculos que enfrentan para participar activamente en los procesos de adopción de decisiones sobre el manejo y la gestión de los recursos naturales.

El empoderamiento de las mujeres en contextos alto andinos en la actualidad viene desarrollándose de manera discreta, aun se observan conductas prácticamente medievales que menosprecian el accionar de las mujeres en los espacios de toma de decisiones, lamentablemente el ojo de lo masculino es un órgano que subestima el aporte por la construcción de una sociedad mucho más democrática, justa y humana por el bien común de toda la sociedad. El rol de la mujer y un mayor empoderamiento pueden contribuir además del bienestar y desarrollo; enfrentar la complejidad y las incertidumbres de la situación actual.








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